miércoles, 19 de agosto de 2026

Cuando las páginas desaparecen…hablemos de "Bibliocidio"

                                                            @carlosrey_es

En los últimos meses ha resurgido a nivel internacional, y se ha difundido en diferentes medios de comunicación, un tema que impacta duramente en el valor del conocimiento. Estamos hablando del bibliocidio (del griego biblion: libro, y el sufijo cidio: acción de matar o destruir); este término se refiere a la destrucción sistemática e intencionada de libros, bibliotecas y fondos documentales.

Si bien la devastación de grandes acervos proviene desde la antigüedad, la teoría bibliotecológica contemporánea ha redefinido esta aniquilación patrimonial como un mecanismo de violencia ideológica, cuyo alcance va más allá del papel, porque busca también eliminar la memoria compartida, el pensamiento divergente y el patrimonio de una comunidad.

De este modo, mientras el método tradicional buscaba en forma directa borrar la memoria, el algoritmo se encarga de destruirla fragmentando nuestra atención. El flujo constante de scroll, reels y contenidos personalizados anula la concentración necesaria para razonar con suficiente autonomía. Es así como la capacidad crítica se reduce drásticamente en favor de un sistema que premia el estímulo inmediato para asegurar que el enganche del usuario sea permanente. 

Frente a esta dispersión digital, encastrada en un ecosistema cultural donde persisten la censura, el desfinanciamiento de acervos y el bloqueo de plataformas educativas, la biblioteca debe reafirmarse como un territorio democrático de resistencia. Como espacio de mediación y construcción crítica, su misión es garantizar el acceso equitativo a la información y defender la libre circulación del conocimiento. Después de todo, escribir y leer no son actos neutrales: son afirmaciones de libertad frente a cualquier intento de destrucción cultural. 

Ante este panorama cabe preguntarse: ¿cuál es la relación entre el bibliocidio y la manipulación del pensamiento crítico que las grandes compañías tecnológicas intentan ejercer sobre la sociedad? ¿Hasta qué punto los algoritmos determinan la información que recibimos y condicionan nuestra forma de pensar?

En tiempos donde mantener activo el espíritu crítico para conectar con suficiente autonomía ideas complejas parece estar fuera de moda, y donde la apatía voluntaria que generan las pantallas aumenta, cultivar criterios de pensamiento propios se convierte en un intento revolucionario para desafiar al sistema, recuperar nuestro valioso tiempo de atención, los hábitos lectores y la capacidad de discernimiento. ¡Arriba quienes leen, razonan y comprenden!

 

Lecturas sugeridas si te inquieta este tema: 

Dotta, P. (2026, 05 de agosto). [Los nuevos programas en inteligencia artificial están provocando la destrucción masiva de libros; comprenda por qué]. CNN Brasil. https://www.cnnbrasil.com.br/pop/novos-treinamentos-de-ias-geram-destruicao-em-massa-de-livros-entenda/

Marín Bellón, F. (2026, 30 de julio). Destruir libros viejos, el último truco de la inteligencia artificial. Nueva Revista. https://www.nuevarevista.net/beber-destruir-libros-viejos-ia/

Pastorino, M. (2025, 20 de noviembre). Humanismo tecnológico. Semanario Voces. https://semanariovoces.com/humanismo-tecnologico-por-miguel-pastorino/

Zibell, M. (2026, 09 de agosto). Inteligencia artificial: Qué es el “Proyecto Panamá” y cómo reveló la destrucción de miles de libros antiguos para entrenar a la IA. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/ckgdmv8gz1jo.amp

 

 

 

 

jueves, 30 de julio de 2026

De la teoría a la práctica, el desgaste emocional de los educadores sociales. Abriendo puertas hacia otras formas de pensar la tarea / Estudiante Pamela González

 

 Imagen tomada de: https://es.dreamstime.com

En el 2018 comencé mi formación en Educación Social y por aquellos entonces lo que solíamos escuchar clase tras clase y año tras año era qué es ser Educador/a Social y de qué iba la distancia óptima. Incluso muchos avanzamos en la formación sin aún tener una respuesta clara o una posición totalmente asumida o concreta frente a tales preguntas.

Los educadores/as sociales en nuestra tarea “levantamos la bandera” de aquellos que viven situaciones de vulnerabilidad social, trabajamos con el dolor ajeno, con las faltas de oportunidades, con aquello que no es justo, con aquello que no es propio pero es necesario visualizar y accionar, poder revertir y de ser posible reparar. Atravesamos una formación de 4 años de materias más un año de monografía, pero en todo este panorama planteado hay varias aristas que me gustaría (al menos) mencionar como posibles disparadores para pensar en conjunto una temática muy poco abordada.

Como disparador, dentro y fuera de la currícula académica no se nos prepara para afrontar el cotidiano en los diversos dispositivos/programas en los que trabajamos y con las diversas poblaciones, no se nos prepara para las diversas y complejisimas situaciones que acompañamos, no se nos prepara para las trabas institucionales o la falta de recursos, no se nos prepara para la falta de reconocimiento del rol, no se nos prepara para trabajar en condiciones sumamente precarizadas. No se nos prepara para trabajar inmersas en la violencia. No hay espacios de diálogo e intercambio que pongan en juego estos ejes temáticos fuera ni dentro de los ámbitos educativos sociales de formación.

Cuando realicé mi última práctica, intercambiando con mi docente de ese año, hablando justo sobre este tema del desgaste emocional que conlleva la tarea de ser educador social y lo complejo que es separarse del trabajo, se puso en la mesa el porqué no pensar en la idea de un posible acompañamiento a educadores sociales frente a posibles situaciones que puedan afectar su salud emocional, mental y física, entendiendo que en otras formaciones sociales como lo es Psicología y atendiendo la gran demanda emocional que conlleva es un deber cuasi ético poder pensar estas cuestiones. ¿Sería tan disparatado entre las luchas por el reconocimiento de nuestra formación levantar esta bandera por nuestra salud mental?

Vale aclarar que acá la idea no es romantizar ni endemoniar nuestra profesión, simplemente es poder poner en líneas disparadoras una temática que debiera ser abordada con la seriedad que corresponde, ya que la salud mental es un derecho de cualquier ser humano.

Ojala la educación social siga avanzando, modificando su accionar y reconocimiento pleno, y entre ellos el derecho a la salud mental y garantizar la misma a los futuros profesionales que llevamos adelante la tarea, creando espacios de intercambio, diálogo, acompañamiento, recursos para poder cuidarnos a los que sostenemos los espacios y resignificamos la educación social y redes de intercambio de estas y otras temáticas que nos interpelan como profesionales de la educación.

lunes, 6 de julio de 2026

Habitar la biblioteca: del aula a la sala de lectura


Cada 26 de mayo, Uruguay celebra el Día Nacional del Libro, una fecha que nos invita a mirar hacia nuestras raíces culturales y a honrar la memoria de nuestra primera Biblioteca Pública, fundada en 1816 bajo el impulso artiguista y la célebre proclama: «Sean los orientales tan ilustrados como valientes». Este día invita a tomarnos una pausa para reivindicar el libro y la lectura como herramientas de transformación social. 

Bajo el lema “Leer para habitarnos, palabras que construyen paz”, desde la biblioteca del IFES trazamos un ciclo de actividades que se llevaron a cabo entre el 25 y el 29 de mayo. Junto a las profesoras Carla Torres, Adriana Lambert y Laura Ruiz coordinamos estos encuentros con el propósito de consolidar un vínculo estrecho entre las dinámicas del aula y el espacio de la biblioteca. 

Los encuentros propiciaron, por un lado, la dimensión emocional de la lectura, abriendo espacios donde los estudiantes expresaron sus sentimientos y vivencias personales al compartir textos, cartas de familiares y letras de canciones que marcaron sus vidas. Por otro lado, la incorporación del lenguaje audiovisual sirvió como detonante para reflexionar. A través de la proyección de un video inspirado en el libro Fahrenheit 451,  de Ray Bradbury, se abordaron los peligros de una sociedad alienada por la tecnología, mientras que el cortometraje Mi amigo Nietzsche, de Fáusto da Silva, permitió reivindicar el valor de la lectura y la filosofía como herramientas de transformación pedagógica. 

Reconocer y celebrar el encuentro con el otro constituye la base del tejido social que nos une. En este sentido, la biblioteca asume el compromiso de generar entornos compartidos para quienes se preparan como futuros educadores sociales, entendiendo que la lectura y el diálogo son recursos fundamentales para la práctica profesional. 

¡Si nos habitamos nos leemos, y si nos leemos, nos comprendemos!