miércoles, 17 de diciembre de 2025

Revista de Educación Social y Pedagogía Social del Uruguay N°13, Diciembre 2025, IAES - CFE.

 Presentar el número 13 de la Revista de Educación Social y Pedagogía Social del Uruguay (RESPU) supone, al mismo tiempo, una celebración y una responsabilidad. Celebración, porque este nuevo número confirma la continuidad de un proyecto editorial que desde 2017 ha ofrecido un espacio de circulación de saberes, de memoria y de debate para la educación y la pedagogía social en Uruguay. Responsabilidad, porque lo hace en un momento particularmente delicado para la formación en Educación Social y para el Instituto Académico de Educación Social (IAES) como entidad académica dentro del Consejo de Formación en Educación (CFE).

Desde sus orígenes, la formación de educadoras y educadores sociales en nuestro país se ha tejido entre transformaciones institucionales, disputas de sentido y búsquedas de mayor reconocimiento académico. De la experiencia inicial en el ex INAME a principios de los años 90 del siglo pasado, pasando por el reconocimiento de nivel terciario no universitario por parte del MEC en 1997, hasta el pasaje de la carrera al CFE en 2011, el campo de la educación social se ha ido configurando como un espacio profesional y académico con identidad propia, fuertemente anclado en una perspectiva de derechos humanos, las prácticas educativo sociales en territorios diversos y la pedagogía social.

La creación del IAES por parte del CFE en 2018 significó, en ese recorrido, un punto de inflexión. No se trató solo de una nueva sigla en la estructura institucional, sino de la apuesta por una entidad académica específica, responsable de la carrera en Educación Social a nivel nacional, llamada a articular enseñanza, investigación y extensión; a resguardar la especificidad del campo y, al mismo tiempo, proyectarlo hacia el conjunto de la formación en educación

La RESPU vuelve a cumplir una función que va más allá de la publicación de artículos: se constituye en archivo y en espacio vivo de la palabra pública del campo. Como revista semestral, arbitrada, de acceso abierto e impulsada desde el IAES en el marco del CFE, la RESPU ha contribuido a anudar reflexión teórica, relatos de experiencia, investigaciones y ensayos que dan cuenta de los múltiples modos en que la educación social se reinventa frente a las desigualdades, las violencias, las transformaciones de las políticas públicas y las luchas por el reconocimiento de derechos. 

Equipo editorial RESPU - revistarespu@gmail.comu


miércoles, 10 de septiembre de 2025

No es un crimen familiar, es violencia de género.

 

El dolor nos invade por estos días en nuestro país ante la muerte de Alfonsina y Francisco, de 2 y 6 años, a manos de su propio padre y nos obliga a enfrentarnos a la cruel realidad de la violencia vicaria.

¿Qué es la violencia vicaria?  es un concepto definido desde el año 2012 por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro,  perita judicial experta en victimología y violencia contra las mujeres.

Se define como aquella violencia que se ejerce contra los hijos o seres queridos de una mujer con el fin de causarle el mayor daño posible. El agresor no solo busca herir a la mujer, sino que utiliza a sus seres más vulnerables como un instrumento para infligirle un dolor profundo y permanente, un dolor que, a menudo, es peor que cualquier agresión física directa.

En palabras del psicólogo Alejandro de Barbieri "La violencia vicaria es la más cruel de las violencias, porque convierte a los hijos en instrumentos del odio, rompiendo el vínculo que justamente debería protegerlos"

Según los datos proporcionados por la Presidencia de la República, el Sistema Integrado de Protección a la Infancia y a la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav) muestran que los albergues del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU) destinados a mujeres víctimas de violencia y sus hijas e hijos menores atendieron en 2024 a 620 niños y niñas.

Estos datos nos interpelan, "Estamos fallando  como sociedad" comentó la directora nacional de Políticas de Género del Ministerio del Interior July Zabaleta.

Pongamos el tema sobre la mesa.

"Si hay violencia, no lo llamemos conflicto. Y  mucho menos pongamos a los niños como rehenes. Cuando hay denuncias, lo primero es cuidar y proteger no dudar de entrada ni pensar que casi todas son inventadas". Alejandro de Barbieri.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Aporte Estudiantil: Experiencia de Práctico II en un proyecto de atención a NNA en situación de calle

Imagen tomada del sitio web: https://gurisesunidos.org.uy/

¿Niños y niñas en situación de calle? ¿Todavía hay? fueron las preguntas que se me vinieron cuando empecé a cursar Práctico II y se mencionaron como posibilidad de dispositivo de práctica algunos “proyectos calle”. Mi ignorancia era notable. Por acto de azar, ilusión, tensión, miedo y estrés (todas cuestiones ineludibles en las elecciones de centro de práctica en el IFES), terminé realizando mi práctica en uno de estos “proyecto calle”.

En esta breve entrada de blog trataré de acercar una posible respuesta a la pregunta que me hice en su momento y quizás alguno de ustedes hoy se haga. Como primera aclaración resulta determinante ponernos de acuerdo en qué entendemos por “situación de calle”. Si le hago esta pregunta a una persona promedio aleatoria en la vía pública y que no esté muy adentrada en el tema, seguramente me responda, con mayor o menor elaboración, que refiere a cuando una persona vive en la calle porque no tiene casa a dónde ir, ni un trabajo que le permita subsistir en condiciones dignas. La noción básica de esta respuesta podría considerarse correcta, sin embargo, y aquí es donde podría hallarse la confusión, esta no es la única posible respuesta.

Desde la década de los 2000, por lo menos en Uruguay, la “situación de calle” se ha concientizado como fenómeno complejo, multidimensional y dinámico, y en este sentido ha sufrido algunos cambios semánticos a partir del uso que del término hacían las ONGs del ámbito, INAU y el Estado. Tal así que el término se fue ampliando en cuanto a sentidos y realidades, pasando a albergar por lo menos a tres “tipos de calle” referentes a la población de niños, niñas y adolescentes: “calle barrial o recreativa”, “calle como escenario para desarrollar estrategias de sobrevivencia” y “calle dura”. 

Esa persona que hipotéticamente paré en la vía pública, y que nos dio una respuesta que podría generalizarse a un gran porcentaje de la población uruguaya, refiere exclusivamente al tipo de calle dura, es decir, a una situación en la que la persona come, duerme y pasa su tiempo exclusivamente en la calle. Lo que viene a plantear esta amplificación del término es que hay personas (y en el caso de niños, niñas y adolescentes es más claro) que se vinculan con la calle de forma intensa, pero que sin embargo tienen una casa a donde pueden  volver para dormir, o que sin embargo van a la escuela por algunas horas, o pasan mucho tiempo en la calle, ya sea realizando actividades centradas en la mendicidad como acompañando a un adulto en su labor, y un gran etc de realidades. 

Este tipo de realidades y situaciones ejemplificadas, bastantes más ambiguas y fluctuantes, se ven incluidas en la “calle barrial” o la “calle como escenario de supervivencia”, y son las situaciones de calle que atraviesan a casi toda la población de infancias y adolescencias del Uruguay en este momento. Y es debido a esto mi asombro original: actualmente, gracias a un arduo trabajo de organización entre el INAU y organizaciones de la sociedad civil, la calle dura en infancias y adolescencias es prácticamente nula. Cuando nos referimos a “niños, niñas y adolescentes en situación de calle” nos referimos a esas situaciones más intrincadas con la calle, pero que en definitiva, se tratan de una búsqueda por satisfacer las necesidades básicas, afectivas y relacionales en otros lugares distintos de los ámbitos de cuidado y protección.

Para ellos y ellas, la calle, con todos sus peligros, aparece como un espacio conocido, familiar, que provee de recursos indispensables, así como un espacio de aprendizaje. De este modo, lo interesante de trabajar en un proyecto que atiende a este perfil de población, a mi entender, radica en desprejuiciar la mirada que tenemos para con la calle, y al contrario, valorizar los aprendizajes que en ella esas infancias y adolescencias cosecharon para trabajar a partir de ellos. 

En otras palabras, creo que la clave está en no ensañarse en ir en contra de la calle, sino reconocer la calle como lugar de significancia y valor afectivo para esos niños y niñas, y dilucidar cómo trabajar a partir de eso conocido, para luego sí introducir/ofertar otras posibilidades de lógicas, dinámicas, caminos y mundos que surquen en el terreno de lo socialmente válido.